⚡ CRISIS EN LOS GRUPOS: El síndrome del "scroleo humano"
Para los que lleváis más tiempo en este tipo de espacios, os habréis dado cuenta de un fenómeno evidente: cada vez hay menos actividades, los grupos de WhatsApp desaparecen o, simplemente, se transforman en cementerios donde ya nadie habla.
Asistimos a la era de los espectadores pasivos: personas que están metidas en 10 grupos a la vez pero jamás participan. Eso sí, cuando alguien se lo da todo organizadito, masticado y se llena de gente, entonces se apuntan. Pero claro, la energía de quien organiza no es infinita, y la gente se cansa de tirar del carro sola. Para colmo, cuando alguien participa, a menudo es para poner trabas en lugar de arrimar el hombro.
¿Por qué nos cuesta tanto sostener un vínculo real hoy en día?
Confundir límites con dictadura: Vivimos en una sociedad tan blanda que cualquier pequeño límite o muestra de firmeza se etiqueta inmediatamente de "dictatorial". Hemos olvidado que los límites son totalmente necesarios en cualquier tipo de relación (parejas, amigos, grupos, familia). Como suelo decir: cuando un canal tiene buenas paredes, el agua corre con fuerza. Sin paredes, el agua se estanca y se pudre.
El cerebro tuneado por el algoritmo: Las redes sociales nos han acostumbrado a reels de 10 segundos y a hacer scroll de forma impulsiva. El drama es que hemos trasladado esa adicción a la vida real: ahora scroleamos con las parejas, con los amigos y con la familia. Si algo no me fascina en los primeros tres segundos, deslizo el dedo y busco el siguiente estímulo.
La trampa de la falsa positividad: Nos han vendido un mundo de escaparate donde no hay lugar para el desacuerdo, el cansancio o el aburrimiento. En cuanto aparece la más mínima llanura en una pareja o en un grupo, la gente huye porque no tolera la falta de dopamina instantánea.
¿Dónde han quedado esas relaciones humanas de verdad? Esas donde hay espacio para el aburrimiento, la tristeza, la alegría, las discusiones sanas, pero sobre todo... donde hay compromiso, lealtad, sentido y propósito.
Si queremos salvar nuestros grupos y nuestras vidas de la quema digital, nos va a tocar aprender a parar el dedo, respetar los límites y empezar a construir en la roca, no en la pantalla.
¿Y tú? ¿Eres de los que crean canal o de los que solo miran la corriente? Os leo en comentarios.