EL HOMBRE:
Dicen que nacemos solos.
Entonces...
¿Por qué hay una parte de mí que siempre ha sentido que estaba esperando a alguien?
LA MUJER:
¿Y si no esperabas a alguien...
sino a una parte de tí que sólo podía revelarse a través de otro?
EL HOMBRE:
¿Por eso nos buscamos?
LA MUJER:
Quizá el universo nunca creó seres completos.
Quizá creó encuentros.
EL HOMBRE:
Pero también nos herimos.
LA MUJER:
¿Puede el río aprender sin rozar las piedras?
¿Puede una semilla abrirse sin romperse?
EL HOMBRE:
¿Por qué somos tan distintos?
LA MUJER:
¿Acaso el día lucha contra la noche?
¿O el cielo contra la tierra?
Tal vez la diferencia nunca fue un problema...
Fue una Puente
EL HOMBRE:
Toda mi vida intenté entenderte.
LA MUJER:
Hay misterios que no se entienden.
Se contemplan.
Se habitan.
EL HOMBRE:
Después de todo este tiempo...
¿Qué crees que buscábamos?
LA MUJER:
Recordar.
EL HOMBRE:
¿Recordar qué?
LA MUJER:
Que antes de aprender a defendernos...
ya sabíamos encontrarnos.
EL HOMBRE:
¿Y por qué lo olvidamos?
LA MUJER:
Porque el miedo habla muy alto.
Y el alma...
casi siempre susurra.
EL HOMBRE:
¿Entonces todo este camino era para llegar hasta ti?
LA MUJER:
No.
Era para llegar hasta ti mismo.
Yo sólo aparecí para que pudieras reconocer una parte de tí que seguía esperando.
EL HOMBRE:
¿El otro es un espejo?
LA MUJER:
Sí.
Pero no devuelve tu rostro.
Devuelve aquello que habías olvidado.
EL HOMBRE:
¿Y por eso algunas personas nos cambian para siempre?
LA MUJER:
Quizá algunas personas no llegan para quedarse.
Llegan para abrir una puerta.
Para enseñarnos una habitación de nuestra alma que permanecía cerrada.
Y cuando la puerta ya está abierta...
pueden marcharse.
Porque nunca vinieron para acompañar todo el camino.
Vinieron para recordarte...
que esa habitación siempre había sido tuya.
EL HOMBRE:
¿Y qué queda cuando se van?
LA MUJER:
La huella.
Porque una huella no es una ausencia.
Es la prueba de que algo sagrado pasó por tu vida.
Lo que despertaron en ti...
ya no volverá a dormirse.
EL HOMBRE:
Entonces...
¿Para qué nos necesitamos?
LA MUJER:
Para recordar quiénes somos.
Para descubrir paisajes interiores que nunca habríamos encontrado caminando solos.
EL HOMBRE:
¿Y eso es el amor?
LA MUJER:
Quizá.
Ese instante en que dos almas dejan de preguntarse:
"¿Qué puedes darme?"
y empiezan a preguntarse:
"¿Qué podemos despertar juntos?"
Porque el verdadero encuentro...
no es perderse en el otro.
Es encontrarse a uno mismo...
mientras caminas junto a alguien.
EL HOMBRE:
Entonces...
¿Qué fue lo más importante de nuestro encuentro?
LA MUJER:
Que al buscarte en mí...
terminaste encontrándote en tí.
Y cuando dos personas recuerdan quiénes son...
el mundo parece, por un instante,
volver a estar en su sitio.
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Gracias por leer hasta el final.
Quizás las mismas palabras
que encontraron un lugar en mí...
también encontraron un lugar en ti.
Y eso...
ya es un encuentro.