¿Pero para qué?
¿Para no cenar solo?
¿Para ver Netflix?
¿Para tener con quién viajar?
¿Para llenar los silencios?
¿Para tener *****?
¿O también para escuchar?
¿Solo para compartir las alegrías?
¿O para sostenernos cuando la vida pese demasiado?
¿Quiero a alguien que sume?
¿Y qué significa sumar?
¿Que nunca me contradiga?
¿Que nunca me haga esperar?
¿Que nunca me duela?
¿No suman también
quienes nos enseñan paciencia?
¿Quienes ponen un límite
cuando lo necesitamos?
¿Quienes nos muestran
una parte de nosotros
que aún no conocíamos?
Porque una pareja
no solo suma.
También pide tiempo.
Atención.
Paciencia.
Renuncias.
Cuidado.
Presencia.
¿Estoy dispuesto
a ofrecerlas?
¿Qué espero recibir?
¿Y qué estoy dispuesto
a dar?
¿Cuántas condiciones
he puesto sobre la mesa?
¿Y cuántas podría cumplir yo?
Quizá esperamos
a alguien
que reúna cien cualidades.
Pero...
¿Y cuántas de ellas
podemos ofrecer nosotros?¿Y si solo quiero
a alguien
con quien ver una película?
También es respetable.
¿Y si solo busco
compañía para viajar?
También.
¿Y si necesito
a alguien
con quien compartir
las alegrías y las heridas?
También.
No hay un motivo
más noble que otro.
La verdadera pregunta
quizá no sea
qué buscas.
Sino...
¿lo sabes?
¿Te lo has dicho
a ti mismo?
¿Has tenido el valor
de decírselo al otro?
Porque a veces
la decepción
no nace
de que el otro
no fuera lo que esperábamos.
Nace
de que nunca supo
lo que esperábamos de esa persona