EL JOVEN:
Estoy harto.
De la envidia.
Del egoísmo.
De la mentira.
Cada vez soporto menos a la gente.
EL SABIO:
¿A la gente...
o a lo que despierta dentro de ti?
EL JOVEN:
No lo sé.
Solo siento rabia.
EL SABIO:
¿Desde cuándo?
EL JOVEN:
No lo sé...
Quizá desde hace muchos años.
EL SABIO:
Entonces quizá
esa rabia
no nació hoy.
Quizá hoy
solo encontró una excusa
para hacerse visible.
EL JOVEN:
¿Quieres decir
que no estoy enfadado
solo con ellos?
EL SABIO:
¿Cuántas veces
callaste
cuando querías decir "no"?
¿Cuántas veces
cediste
por miedo a decepcionar?
¿Cuántas veces
tragaste
lo que necesitaba ser expresado?
La energía
tiene memoria.
EL JOVEN:
Entonces...
¿qué hago con ella?
EL SABIO:
No la empujes.
No la descargues.
No la conviertas
en una historia.
Permite
que exista.
EL JOVEN:
¿Y después?
EL SABIO:
Descubrirás
que debajo de la rabia
no había odio.
Había una fuerza
que llevaba toda la vida
intentando nacer.
EL JOVEN:
Siempre pensé
que sentir la rabia
era volverme agresivo.
EL SABIO:
No.
La rabia reprimida
se convierte
en agresividad.
La rabia vivida
se convierte
en firmeza.
Ya no necesita gritar.
Le basta
con decir:
"No."
EL JOVEN:
Entonces...
¿la rabia
no era mi enemiga?
EL SABIO:
No.
Era la vida
llamando
a una puerta
que llevaba demasiado tiempo
cerrada.
EL JOVEN:
Pero nos enseñan
a pensar en positivo.
EL SABIO:
Ser positivo
no siempre consiste
en sentirte bien.
A veces consiste
en dejar de huir
de aquello
que llevas años evitando.
EL JOVEN:
¿Y meditar?
EL SABIO:
Si meditas
para no sentir,
la rabia esperará.
Si meditas
para permanecer
junto a ella,
sin miedo,
sin alimentarla,
sin reprimirla,
quizá descubras
que empieza
a transformarse.
EL JOVEN:
¿Y cuánto tiempo tarda?
EL SABIO:
¿Cuánto tiempo
llevas guardándola?
Vivimos
queriéndolo todo
en un instante.
Una pastilla.
Un gurú.
Una técnica.
Un fin de semana.
Pero si una herida
ha necesitado años
para formarse...
¿por qué iba a desaparecer
en unos días?
Hay procesos
que no se aceleran.
Sólo se viven.