¿Soy fuerte...
o vulnerable?
¿Soy valiente...
o tengo miedo?
¿Soy sabio...
o sigo siendo un ignorante?
¿Soy solitario...
o necesito el encuentro?
¿Soy firme...
o también puedo romperme?
¿Y si todas esas preguntas
escondieran la misma trampa?
¿Quién decidió
que una persona
debía elegir
una sola palabra
para definirse?
El Bambú es fuerte...
Y también se dobla con el viento.
El río es sereno.
Y también desborda.
La montaña permanece.
Y también se desgasta.
¿Por qué nosotros
íbamos a ser una sola cosa?
Quizá madurar
no consista en fabricar
una identidad perfecta.
Quizá consista
en dejar de reducirte
a una sola palabra.
¿Quién soy entonces?
A veces soy fuerte.
Un instante después...
vulnerable.
A veces hablo.
Y un momento más tarde...
solo deseo contemplar.
A veces necesito a los demás.
Y unas horas después...
la soledad me llama.
¿Acaso el cielo
es solo amanecer?
¿Acaso el mar
es solo calma?
¿Acaso un árbol
es solo primavera?
Quizá el error
nunca fue cambiar.
Quizá el error
fue creer
que debía ser siempre el mismo.
Porque la vida
nunca nos pidió
ser una sola cosa.
Nos pidió
aprender a habitarlas todas.
https://youtu.be/uyLLekHei3g?si=dymYWulC72Ot1kkD