Psicología Valladolid  04 ago 2026 Menu usuario

EL JARDINERO

El jardinero

Un joven llegó a casa de un viejo jardinero.

Esperaba encontrar un jardín lleno de flores.

Pero lo primero que vio fueron árboles podados.

Ramas cortadas.

Espacios vacíos.

Le sorprendió.

—Pensaba que amabas las plantas.

El anciano sonrió.

—Precisamente por eso las podo.

El joven no entendió.

—¿No te da pena cortar una rama?

El jardinero acarició el tronco.

—Más pena me daría que el árbol gastara toda su energía en ramas que nunca darán fruto.

El joven guardó silencio.

Después de un rato preguntó:

—¿Y las personas?

El anciano sonrió.

—Nos cuesta mucho más podar.

Creemos que querer a alguien significa estar siempre disponibles.

Escuchar siempre.

Responder siempre.

Salvar siempre.

El joven bajó la cabeza.

—Entonces... ¿hay personas de las que debemos alejarnos?

El jardinero negó lentamente.

—No siempre.

Hay personas de las que no puedes alejarte.

Tu familia.

Tus compañeros.

La vida seguirá poniéndolas delante.

La cuestión no es si están cerca.

La cuestión es cuánto espacio ocupan dentro de ti.

El joven permaneció callado.

El anciano señaló un gran roble.

—¿Ves ese árbol?

Sus raíces son profundas.

Pero no intentan alimentar a todo el bosque.

Si lo hicieran...

el árbol moriría.

Y, sin embargo...

quien se sienta bajo sus ramas

encuentra una sombra verdadera.

El joven respiró hondo.

—Entonces...

¿Poner límites no es dejar de querer?

El jardinero sonrió.

—No.

Es comprender que tu energía también necesita ser cuidada.

Puedes entender el dolor de alguien...

sin cargar con él.

Puedes querer a una persona...

sin permitir que destruya tu paz.

Puedes decir "no"...

sin dejar de amar.

El joven miró de nuevo el jardín.

Por primera vez entendió que podar no era un acto de rechazo.

Era un acto de amor.

Porque solo quien cuida aquello que alimenta...

puede seguir dando fruto durante muchos años.

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