EL ÚLTIMO HOMBRE
Nietzsche miró hacia el futuro
y vio a un hombre pequeño.
No quería conquistar.
No quería crear.
No quería arriesgarse.
Solo quería estar cómodo.
Había olvidado
la grandeza
porque había aprendido
a temer el dolor.
«Hemos inventado la felicidad»,
decía.
Y todos sonreían.
Ya nadie quería demasiado.
Ya nadie sufría demasiado.
Ya nadie soñaba demasiado.
La vida se había vuelto segura,
previsible,
tranquila.
Pero también vacía.
El último hombre
no pregunta:
¿Quién puedo llegar a ser?
Pregunta:
¿Cómo puedo estar cómodo?
No busca sentido.
Busca bienestar.
No busca verdad.
Busca tranquilidad.
No quiere elevarse
por encima de sí mismo.
Solo quiere sobrevivir
sin que nada le incomode.
Y quizá esa era
la advertencia de Nietzsche:
que una humanidad
puede conquistar la enfermedad,
la pobreza
y muchos de sus miedos...
y, sin embargo,
perder aquello
que hacía que la vida
mereciera ser vivida.
Porque quizá
el mayor peligro
no sea sufrir demasiado.
Quizá sea llegar
a no desear nada
con suficiente fuerza
como para sufrir por ello.
Y entonces queda
la pregunta:
**¿Estamos construyendo
una vida mejor...
o simplemente
una vida más cómoda?**
Porque el último hombre
no es necesariamente
el más desgraciado.
Es quizá
el que ya no sabe
qué podría llegar a ser.
https://youtu.be/PNv9wt8tgUA?si=W84BlrartVcUWFZ5