I
He trabajado mucho mi desapego.
Ya no necesito
que nadie me dé la razón.
Bueno...
necesitarlo, no.
Pero estaría bien.
Sobre todo
cuando tengo razón.
Que también hay que ser
espiritual,
pero no gilipollas.
II
Hoy he decidido
no juzgar a nadie.
He visto a mi vecino
aparcar ocupando dos plazas.
Lo he observado.
He respirado.
He aceptado
mi emoción.
Después he pensado:
«Qué cabrón».
Pero sin odio.
Estoy progresando.
III
Me dijeron:
«Tienes que soltar».
Y solté.
Solté personas.
Solté expectativas.
Solté el pasado.
Solté el miedo.
Solté la necesidad
de controlar.
Y ahora estoy
en el sofá
sin saber muy bien
qué coño hago con mi vida.
Pero eso sí:
en paz.
IV
Mi terapeuta me dijo:
«Tienes que poner límites».
Y aprendí a decir:
«No».
Luego aprendí a decir:
«Ahora no puedo».
Después:
«No me apetece».
Y finalmente descubrí
la iluminación verdadera:
no explicar
por qué.
V
He conseguido
estar presente.
Completamente presente.
Aquí.
Ahora.
En este preciso instante.
Y justo ahora
me acaba de llegar
un mensaje:
«¿Puedes hacerme un favor?»
La iluminación
ha terminado por hoy.