LAS TRES TRANSFORMACIONES
Primero fui camello.
Cargué con los deberes,
con las normas,
con lo que debía ser.
Cargué con los «tienes que»,
con las expectativas,
con los valores
que otros habían colocado
sobre mis hombros.
Y pensé que ser fuerte
era poder cargar
cada vez más.
Hasta que llegó el desierto.
Y allí,
cuando ya no quedaba nadie
a quien obedecer,
apareció el león.
El león no quiere cargar.
Quiere decir:
NO.
No al «debes».
No a la vida
que otros escribieron para mí.
No a los valores
que heredé
sin preguntarme
si eran míos.
El león quiere libertad.
Pero Nietzsche sabe
que todavía no basta.
Porque el león sabe destruir
lo que lo encadena,
pero todavía
no sabe crear
lo que viene después.
Entonces aparece el niño.
No el niño ingenuo.
El niño que ha atravesado
el peso del camello
y la rebeldía del león.
El que ya no necesita
obedecer
ni rebelarse.
El que puede comenzar
de nuevo.
Jugar.
Crear.
Decir sí.
Un sí que no nace
de la resignación,
sino de la libertad.
El camello pregunta:
«¿Qué debo cargar?»
El león:
«¿Contra qué debo luchar?»
El niño ya no pregunta eso.
Simplemente mira
el mundo
y dice:
«¿Qué puedo crear?»
Quizá crecer
no sea aprender
a obedecer mejor.
Ni siquiera
aprender a rebelarse.
Quizá sea llegar
a un lugar
donde ya no necesites
hacer ninguna de las dos cosas.
Donde puedas decir:
Esto lo recibí.
Esto lo rechacé.
Y ahora...
esto lo elijo yo.
https://youtu.be/9eK-y01vZpU?si=N45f4O8OFxePzMvC