EL BURRO Y EL TIGRE
Un día, un burro le dijo al tigre:
—El pasto es azul.
El tigre respondió:
—No. El pasto es verde.
El burro insistió:
—Es azul.
—Es verde —respondió el tigre.
La discusión fue creciendo
hasta que decidieron acudir
al león, rey de la selva,
para que decidiera quién tenía razón.
Cuando llegaron,
el burro se adelantó y preguntó:
—Su Majestad,
¿es cierto que el pasto es azul?
El león respondió:
—Sí. El pasto es azul.
El burro, satisfecho,
se marchó celebrando
que había demostrado
que tenía razón.
El tigre, confundido,
se quedó junto al león.
—Pero Majestad,
usted sabe que el pasto es verde.
¿Por qué le ha dado la razón al burro?
El león respondió:
—Claro que el pasto es verde.
—Entonces, ¿por qué me has castigado?
—No te he castigado
por decir que el pasto es verde.
Te he castigado
por haber perdido tu tiempo
discutiendo con un burro.
El tigre guardó silencio.
Y comprendió.
No todas las discusiones
merecen una respuesta.
No todas las personas
buscan comprender.
Algunas solo quieren
tener razón.
Y cuando descubres eso,
quizá la verdadera sabiduría
sea no entrar en la discusión.
Porque puedes tener razón
y aun así perder.
Perder tu tiempo.
Tu energía.
Tu paz.
Y quizá la pregunta
no sea siempre:
«¿Tengo razón?»
Sino:
«¿Merece la pena
demostrarla?»