NO FUE CULPA TUYA
—No fue tu culpa.
—Ya lo sé.
Pero hay cosas
que la cabeza sabe
y el corazón
todavía no puede creer.
—No fue tu culpa.
—Ya lo sé.
Y volvió a decirlo.
Una vez.
Y otra.
Y otra.
Hasta que las palabras
dejaron de ser palabras
y comenzaron a atravesar
un lugar
al que nunca había llegado
la razón.
Porque a veces
no necesitamos
que nos expliquen
el pasado.
Necesitamos
que alguien se quede
a nuestro lado
mientras lo sentimos.
Hasta que el cuerpo
deje de defenderse.
Hasta que podamos llorar
sin tener que justificarnos.
Hasta que aquello
que durante años
llevamos dentro
pueda finalmente
descansar.
—No fue tu culpa.
Y esta vez
no respondió.
Solo lloró.
Quizá sanar
sea también eso:
dejar de repetir
«ya lo sé»
y permitirnos,
por fin,
sentirlo.
No fue tu culpa.
Nunca lo fue.
https://youtu.be/BngOdfcUEoA?si=vcej0Q_VxiVKOW_j