EL RÍO
La vida es un río.
Nace,
avanza,
busca su camino.
Pero a veces
el río encuentra piedras.
Una.
Otra.
Y otra.
Pensamientos que no soltamos.
Miedos que escondimos.
Rabias que reprimimos.
Heridas que nunca miramos.
Cada una parece pequeña.
Pero juntas
pueden llegar a detener
la corriente.
Entonces buscamos
cómo escapar del río.
Meditamos.
Respiramos.
Nos elevamos.
Durante un instante
las aguas se vuelven tranquilas.
Y creemos
que hemos trascendido.
Pero dejamos de meditar...
y las piedras
siguen ahí.
El río vuelve a chocar
contra ellas.
Quizá la espiritualidad
no consista
en aprender a elevarnos
por encima del río.
Ni en conseguir
que durante un rato
no sintamos sus turbulencias.
Quizá consista
en entrar en el agua.
Mirar las piedras.
Reconocerlas.
Y retirar una.
Después otra.
Hasta que la corriente
pueda volver a pasar.
Porque trascender
puede darte unos minutos
de silencio.
Pero transformar
es permitir
que la vida vuelva a fluir
cuando ya no estás meditando.
Y quizá entonces
descubramos algo sencillo:
No necesitábamos escapar
del río.
Necesitábamos
dejarlo correr.