¿Quién soñó primero al león?
¿La tierra?
¿El hambre?
¿El viento que recorrió durante miles de generaciones la misma sabana?
¿Qué memoria duerme en su sangre mientras permanece inmóvil?
¿Por qué sus ojos parecen mirar un horizonte que ya no existe?
¿Puede el alma olvidar el camino que el cuerpo todavía recuerda?
Tiene alimento.
Tiene refugio.
Tiene tiempo.
Entonces... ¿por qué parece faltarle el mundo?
¿Será que la vida no nace de la seguridad...
...sino del encuentro con lo desconocido?
¿Y si el miedo no fuera siempre un enemigo?
¿Y si también fuera una brújula?
¿Qué se apaga cuando ya no hay nada que descubrir?
¿Qué silencio entra en un corazón cuando deja de escuchar la llamada para la que fue creado?
Quizá toda criatura lleva dentro una pregunta.
Y quizá esa pregunta sólo encuentra respuesta caminando.
¿Puede un río seguir siendo río si deja de fluir?
¿Puede un árbol conocer el cielo sin resistir el peso del viento?
¿Puede un león seguir siendo león cuando el amanecer ya no le pide nada?
Y nosotros...
¿Quién nos llama cuando todo está en calma?
¿De qué voz huimos llenando los días de comodidad?
¿Qué parte de nosotros permanece dormida, esperando un desafío para recordar su nombre?
Tal vez la prisión nunca fue un lugar.
Tal vez fue el olvido.
El olvido de aquello que, desde antes de nacer, nos empujaba a avanzar.
Porque hay barrotes que encierran el cuerpo.
Y hay otros...
...que adormecen el espíritu.
https://youtu.be/M5bnC-OzwL8?si=Ui6U1plBI_XuoZLm